17 noviembre 2009

Epitafio de Luna:

Al vuelo de la alondra blanca del ladrido inconsciente de un perro.

Se ha ido Luna

--Madona gorda canina--.

Y con ella

Han vuelto a morir

Todas las mascotas de nuestra infancia.

16 noviembre 2009

Maldita sea la hora en que todo me sucede.



En que toda me sucedes.



En que todavía



su

ce

des.

15 noviembre 2009

36.3° Celcius.

Un hombre norteamericano de la mitad del siglo pasado escribió un libro, una novela, donde se asignaba un papel paralelo a la función de los bomberos en la sociedad. Se trata, como alguno se habrá adelantado a adivinar, de Fahrenheit 451 (temperatura a la que arde el papel). En esta novela el cuerpo de bomberos se dedicaba, no a apagar incendios, sino más bien, a quemar libros. Pues bien, en mi ciudad, una ciudad que de mañana parece pueblo, también tiene otra función este departamento de Protección Civil. Lo más tremendo es que Fahrenheit 451 es ficción – no dudo que en poco tiempo pueda llegar a ser verdad; pero por lo pronto no ha ocurrido—, mientras que, lo que ocurre en Chihuahua, ya que de Chihuahua estamos hablando, es tan cierto como las ganas que me mueven a relatarlo.
En Chihuahua no se queman las casas. A no ser del incendio ocurrido, ya hace varios años, en la calle Libertad, y en el que vi incinerarse la vida de dos bomberos, no se ha registrado uno en largo tiempo. Pero en Chihuahua suenan las sirenas de las bomberas todo el día. Hoy mismo las he oído. Quizá eso me animó más hoy, que otro día, a escribir. Y es que, aquí, se ocupan de un trabajo, que aunque terrible, es necesario para la paz y clama social. Es tanta la demanda del servicio que presenta la ciudad, que ha habido días en los que atienden más de 6 o 7 casos en una misma tarde. Son héroes, o al menos ciudadanos admirables. Pero no crean que el procedimiento es distinto al de cualquier otro cuerpo de bomberos, en cualquier otra ciudad donde sí se queman las casas. En la estación Santa Rosa, por mencionar alguna de las cuatro o cinco que hay en la ciudad, hay 3 turnos de 8 horas. Cada turno con 16 bomberos listos para reaccionar al instante en el que suene la sirena. Hay 2 bomberas, cada una con capacidad de 10 mil litros de agua y espacio para 12 tripulantes. Quizá en urbes más grandes parezca poco, pero, como he dicho, Chihuahua es un pueblo un poco más grande que cualquier otro. Los niños ven pasar las bomberas y juegan a ser bomberos, con las mangueras de sus jardines se mojan entre ellos, y a las aceras, paredes y ventanas de sus casas lanzan los chorros de agua. A veces sus mamás los regañan, pero únicamente son niños y juegan. Las llamadas de emergencia, rara vez las hacen los habitantes, es Protección Civil, muy atento, el departamento que se encarga de estar al tanto de cuándo se necesita la urgente intervención de los bomberos. Con la misma prisa y puntualidad con la que se atendería un incendio, los bomberos limpian la sangre de los acribillados; la que se queda como costra en el pavimento, o en las paredes y ventanas de las residencias. Los fuertes chorros de agua golpean de tal manera las manchas, ya no tibias, de sangre y las van despegando. En fracción de una hora quedan despintados los espacios del crimen.
Ellos afirman que su trabajo es muy parecido al de cualquier otro bombero. Incluso hace calor, dicen, cuando uno llega a la zona que hay que limpiar se siente el ambiente caliente, alrededor de 36.3 grados Celsius, la temperatura en la que fluye la sangre por el cuerpo humano.

03 noviembre 2009

Persona dramática

Sé.

(Tú) sé.

Hija del símbolo:

Soy persona dramática.

David

Y no soy judío

Porque apenas si soy mexicano

Apenas si hombre.

Creo en Dios

Porque es más fácil temer de Él

Que aterrarme de mí mismo.

Por eso monologo

(Sólo los idiotas no se soportan hablando).

No retengo en la lengua lo que siento:

He sido educado en la culpa de mis padres

Y soy tan afecto de mí

Que únicamente me completo ante un espejo:

Poesía.

Asco revuelto con miedo

Me provoca la vida mediocre.

Pero nada más.

Y Nada más, más miedo

Y Nada más, más asco.

Del lado humano acepto mis quijadas.

Una mujer que no huele no existe

(Es eso lo que me ayuda a secretar saliva)

El pulgar me vuelve hombre

Y pude haber sido cualquiera.

Me doy cuenta, me muero.

Anciano y niño

Me muero en todas mis edades.

Desde cuándo soy éste.

Hasta cuándo seré

Si quiera

Éste:

Drama de hombre

En el borde del proscenio.

30 octubre 2009

Angustia.

Un oso muerto pesa dentro de mi pecho.

Sus carnes en rigor ocupan las márgenes

de éstas, mis playas bajas,

donde el aire estampa ancho como Dios.

La pelambre que se desprende de él

--terrones disolviéndose en aceite--

me llena de enmaraños la garganta

y las voces que buscan acotar mis emociones

se traman en ellos y vacilan.

Soy tan intestinal

y no logro disolverlo.

Trago saliva

como la garganta del mar

se traga sus propios brazos

y no pasa.

Con la punta de mis dedos como diez hachas

o dedos separando las costillas

intento arrancar el tumor- bestia.

Mi aliento es de playa

soportando un oso muerto.

El pelo se revuelve en la arena.

Y ahora, visto desde arriba,

parece un charco sucio

que no se mezcla con el agua;

un montón de gritos

buscando trascender su condición de

aire gutural.

Represa entre la nausea que me vuelve el estómago

y las mareas fuertes

que intentan espumarse hasta

en las mollejas.

Pero no lloro,

porque las lágrimas tampoco creen en mis razones.

Por el contario

retengo...

Sobrellevo al animal muerto

y su peso me induce

a pasearlo – andar--

en mis cuatro miembros

arrastrando la barriga

como

un Oso

a seis

pasos

triste

de nada.

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